Integro tecnología, incluida la inteligencia artificial, únicamente cuando aporta sentido pedagógico. No trabajo desde la fascinación por la herramienta ni desde la lógica de la novedad permanente.
La tecnología se utiliza como apoyo al trabajo docente: para optimizar tiempos, ampliar posibilidades creativas y facilitar procesos de planificación, evaluación y creación musical. Siempre al servicio del cuerpo, la experiencia y el vínculo humano que sostienen el aprendizaje.
La tecnología no reemplaza la experiencia: la acompaña.